THE DAY OF THE BAR EXAM - UN ANGEL VESTIDO DE MUJER - CUENTOS DEL MÁS ACÁ Y DEL MÁS ALLÁ - MARINA OPPENHEIMER (Amazon)

El año en que mi hijo tenía que tomar el examen jurídico estatal, yo había invitado a una prima a ir de vacaciones a Hernando Beach, una playa al norte de la Florida. Como pensaba ir manejando, una semana antes me puse a mirar en el mapa para ver qué ruta tomar y fue allí que me di cuenta de que, para ir a Hernando Beach, tenía que pasar por Tampa, ciudad donde mi hijo daba el examen. Una vez más me regocijé de tener un inconsciente tan previsor y lo llamé para decirle que, en nuestro viaje hacia el norte, mi prima y yo pasaríamos con él la noche anterior al examen. De más está decir que se puso muy contento con la noticia ya que la prueba es tan difícil y las historias de horror tantas que estar solo durante las horas previas no es agradable. Llegamos a Tampa bajo una lluvia torrencial y después de habernos perdido ya que el parabrisas del coche estaba totalmente inutilizado por el agua. Para colmo de males, en la entrada de la ciudad estaban construyendo un puente y el agua que se acumulaba arriba de la estructura de cemento caía a raudales sobre la carretera. En ese día gris y tormentoso recuerdo haberme sentido profundamente abatida. Era uno de esos momentos de la vida que, de tan importantes, nos hacen sentir como marionetas manejadas por un hilo invisible. El examen, la lluvia torrencial, la familia que se estaba resquebrajando... Finalmente llegamos al hotel en el que se alojaba mi hijo y, después de un baño reconfortante, nos fuimos los tres a cenar. Mi hijo apenas pudo probar bocado, pero mi prima y yo desahogamos la ansiedad acumulada durante el viaje con un buen plato de pescado al horno y un vaso de vino blanco fresco. Lentamente regresamos al hotel para una noche de descanso y, al despedirme de mi hijo, me felicité una vez más por tener un inconsciente suficientemente sabio como para haberme traído ese día hasta ese lugar. El me necesitaba. A la mañana siguiente nos despertamos temprano y, después de un desayuno suculento, mi hijo me dijo que quería visitar el lugar del examen. Y hacia allí nos dirigimos manejando sin prisa, por una ciudad que había amanecido soleada y limpia después de una intensa lluvia. Finalmente llegamos al lugar designado y, tras dejar el coche estacionado, fuimos caminando lentamente hacia la sala de conferencias que estaba siendo preparada para el día siguiente. Después de examinarla minuciosamente, se me ocurrió proponer que fuéramos a investigar qué restaurantes había cerca a fin de que mi hijo no tuviera que perder tiempo buscando un lugar para comer. Al salir del edificio y, tras cruzar un terraplén de lajas grises, divisamos a unos metros dos o tres cafeterías, algunas con mesitas al aire libre. -Ahí podrás tomar un poco de aire mientras almuerzas - fue mi comentario, feliz al saber que él podría relajarse una hora entre la sesión de la mañana y la de la tarde. -No creo que esté de ánimos para relajarme -fue su pronta respuesta. En silencio nos acercamos al primer restaurante para ver qué clase de comida ofrecía cuando, de repente, una anciana se nos acercó sonriendo. Iba vestida muy modestamente por lo que deduje que vendría a pedir que la convidáramos con algo de comer. Y ya estaba yo por meter mano en mi cartera cuando la mujer me pregunta: -ҁEl muchacho va a tomar el examen legal mañana? -Sí -contesté asombrada, tratando de adivinar qué rol podría jugar la mujer en ese proceso. En ese momento mi hijo se acercó para averiguar de qué estábamos hablando. Fue entonces que la mujer se dio vuelta hacia él y le advirtió: -Si te vas a almorzar al mediodía llegarás tarde para la segunda sesión y no te dejarán entrar. Te sugiero en cambio que te lleves unos sándwiches. Dicho esto la extraña mujer dio media vuelta y se fue. Mi hijo y yo nos miramos atónitos no sabiendo qué creer. Sin hacer comentarios acerca de la extraña situación que acababa de tener lugar nos encaminamos hacia el estacionamiento. Pero hete aquí que, dado el nivel de ansiedad que nos invadía, a ninguno de los dos se nos había ocurrido anotar dónde habíamos dejado el coche. En un estado de puro nerviosismo empezamos a recorrer el enorme garaje sin suerte, piso tras piso, sonando la alarma para ver si el coche respondía. Después de una media hora de búsqueda con el dedo firmemente apretando el control remoto finalmente pudimos escuchar a lo lejos la bocina del automóvil. Nos miramos con alivio ya que mi prima había decidido quedarse en el coche revisando su correspondencia y, de no haberla ubicado, hubiéramos pasado un mal rato. Ese era un día singular, sin duda alguna. El día siguiente amaneció tan luminoso que costaba mirar el agua sin los anteojos oscuros. La posada en la que estábamos alojadas mi prima y yo en Hernando Beach era en realidad una casa del mil ochocientos convertida en Bed & Breakfast, y lo más atractivo de la residencia era su enorme escalera de madera que terminaba directamente en la arena. Como la casa había sido construida sobre pilotes, en la parte de abajo habían colocado cantidad de sombrillas y sillas de playa que los huéspedes podían usar a sus anchas. Y así lo hicimos, decididas a pasar todo el día a la orilla del mar. A la tardecita decidimos volver al hotel para ducharnos y cambiarnos para la cena, y yo para llamar a mi hijo y preguntarle cómo le había ido en el examen. Por un lado me sentía impaciente por sus noticias, pero por el otro tenía mucho temor de que la respuesta no fuera la que anhelaba. Al llegar al hotel esperé a que mi prima se fuera a duchar para discar número de teléfono de mi hijo. -Hola F. ҁcómo te fue? -Creo que bien. Por primera vez en varios días pude respirar profundamente y sentir que mis pulmones se llenaban de vida. -iTe felicito! -grité fuera de mí de alegría. Pero del otro lado de la línea sólo se oía silencio. -ҁEstás ahí? - le pregunté. -Sí… ҁTe acordas de los sándwiches que compramos? fue su respuesta. -Claro. ҀCómo no me voy a acordar? -Bueno… Muchos estudiantes se fueron a almorzar al mediodía a las cafeterías y, como volvieron después de hora, no los dejaron entrar a la sesión de la tarde

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