ODA AL NUEVO DÍA
A veces cuando suena la oscura medianoche so ñ amos que se nos va la vida de las manos, empapada de soledad, falsedad y sinsabor, nostalgia, desesperanza y más dolor. Nos miramos las manos vacías de amor cual aves quejumbrosas y hambrientas, nuestras desoladas manos abiertas deseosas de abrazar nuestra próxima jornada. Porque aquello que hoy se está alejando dejando tras de sí un recuerdo acongojado no es sino el umbral nítido e inesperado de esa comarca sagrada que nos está esperando.