LA VERDADERA REALIDAD SOLO SE DIVISA CON LOS OJOS DEL ALMA
Ese día Clara no se había sentido bien como a diario. Si bien sus días se desarrollaban serenos como de costumbre, se había vuelto más aguda la nostalgia de sus recuerdos jóvenes, de su ciudad lejana con sus veredas arboladas y sus edificios estilo francés. Pero sobre todo lo que le empa ñ aba la mirada a veces era el recuerdo de sus compatriotas, gente que aun sin conocerse simpatizaban y nunca dudaban en dar rienda suelta a una broma. ¿ Cuántas veces no le había ocurrido sentarse en una confitería a tomar un café y terminar charlando con la gente de la mesa de al lado? Adonde ella había emigrado, eso no ocurría; las fronteras entre todos eran más complejas. Para distraerse de su melancolía, Clara decidió ir al mercado a hacer la compra semanal. Si bien era un día feriado y soleado, por alguna razón ella prefirió no ir a la playa. Sentarse frente al mar y recordar no era lo que le convenía. Terminada la compra y al salir del supermercado, Clara se dirigió hacia su coche ahí esta...