SIEMPRE QUE LLOVIÓ, PARÓ
Después de tres días de lluvia y de un viento que no cesó de rugir contra los cristales, finalmente el tiempo amainó y puedo retomar mi vida de siempre. Voy por el camino que bordea la playa y me cruzo con otros transeúntes; algunos me saludan con una sonrisa transparente, otros no me miran. Y me digo que es cierto eso de que nuestra alma se refleja en nuestro rostro; la sonrisa es nuestra verdadera belleza. Mientras camino me viene a la memoria eso de que siempre que llovió, paró; y junto con el dicho, algunas de las tormentas de mi vida que un día también se esfumaron. Miro hacia el cielo gris y admito que la mía no fue una existencia pacífica; nunca quise dejar pasar los desafíos de la vida. Fue allí que las tormentas se generaron. Muchos de los que conocí en mi vida hubiera sido mejor dejarlos pasar de largo. Pero otros, muy pocos, me hacen pensar que algunos de los que venimos a este mundo estamos destinados a seguir estando en algún lugar del universo. Hoy llego a esta etap...